Sección 3

En nuestro ADN

Una historia de lucha efectiva y afectiva por los derechos de todas

Carta abierta a las mujeres rurales que luchan y sueñan por un mundo mejor

Mi nombre es Rita Teixeira, soy del estado de Pará, en el norte de Brasil, mis orígenes siempre han estado vinculados al trabajo en el campo y para el campo. Crecí y sigo creciendo en la agricultura. He sembrado y he plantado desde siempre. Logro y siento dolores. Entre los dolores, el más literal es el que tengo en la espalda derivado del trabajo (siempre pesado) en el campo, con mis padres. Pero el dolor por la falta de derechos también está latente. Por eso, respiro profundamente y sigo. Recorro una lucha efectiva y afectiva.

Respondo a una invitación del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y lo hago con cariño y esperanza, en forma de carta abierta. Resumo una larga historia de veinte años en el Movimiento de Mujeres del Nordeste Paraense (MMNEPA). Yo, Rita, dedico mis días y mis noches, entrego mi vida, al logro de una sociedad justa e igualitaria, donde las mujeres tengan derechos (como el acceso a la salud y el reconocimiento de sus saberes tradicionales), y políticas que garanticen su integridad física, moral y civil, así como el acceso a la tierra, al agua, a una vida abundante.

Mi voz, después de todo, resuena en muchas mujeres.

Lucho no solo porque nací y crecí en un ambiente de carencias. Lo hago porque el conformismo no cabe en mí, y porque no puedo (ni quiero) callar mi voz interior... Mi voz, después de todo, resuena en muchas mujeres. En toda mujer rural que siente en la piel lo que yo siento, y en todas las mujeres no rurales, urbanas, que, gracias a la empatía -esa habilidad tan femenina-, pueden colocarse en nuestro lugar y abrazar nuestra lucha. La unión femenina es fundamental.

Así, junto con mujeres de diversas edades y con instituciones especializadas, me comprometo a transformar nuestra realidad. Sueño con la reestructuración de la sociedad patriarcal, que, creo, es aún más violenta e injusta en los territorios que habito.

Una herramienta para lograr autonomía
Violencia, urgencia e injusticia. Transformación, derecho, dedicación. Esta media docena de palabras están entre las más comunes de mi habla y de mi vida. Están en mi discurso, en el de mis compañeras, en nuestra piel, en nuestros sueños y en nuestras rutinas. Están hechas de dolor y de la voluntad de cambiar y prosperar, nutren la esperanza, la certeza de que es posible. Porque sí, podemos. Sabemos que tenemos el derecho y no nos cansamos de buscar y experimentar herramientas para alcanzar nuestra libertad y prosperidad. Los caminos son diversos; cito aquí solo uno de ellos.

La “cartilla agroecólogica” es un ejemplo práctico de la posibilidad de evolución. Aparentemente, se trata de algo muy simple: un cuaderno de anotaciones y de planificación para la organización y el monitoreo del tiempo, de la inversión y de las ganancias financieras de una agricultora familiar.

Pero es mucho más que eso: es un instrumento político y pedagógico que alienta a la agricultora a conquistar su visibilidad, su fuerza y ​​su autonomía.

Es un proyecto del Grupo de Trabajo Mujeres de la Articulación Nacional de Agroecología, con el Centro de Tecnologías Alternativas y la Universidad Federal de Viçosa (Minas Gerais) que cuenta con el respaldo de la Secretaría Especial de Agricultura Familiar y de Desarrollo Agrario (Sead).

Este instrumento fue creado tras un año de investigaciones de campo, en la zona de la “Mata Mineira”, confirmando el poder y la fuerza de la producción femenina en el llamado territorio de la agricultura familiar. En otras palabras, es una herramienta derivada del protagonismo de las mujeres en las fincas agroecológicas de Brasil, para las mujeres de los sectores agroecológicos de Brasil.

Es un cuaderno, pero también un espejo para que ellas puedan verse como son: potentes. Y reconociéndose así, poderosas, para vivir de esta manera.

Es un cuaderno, pero también un espejo para que ellas puedan verse como son: potentes. Y reconociéndose así, poderosas, para vivir de esta manera.

Actualmente, los cuadernos se utilizan en las cinco regiones de Brasil (Norte, Nordeste, Centro-Oeste, Sudeste y Sur), y por lo tanto en todos los estados amazónicos.

Su uso es monitoreado e incentivado, así como el intercambio de saberes y experiencias de las mujeres que las utilizan.

De esta acción participan en total mil mujeres, quienes ahora se reconocen no como “ayudantes” de sus maridos, sino como protagonistas y merecedoras de sus derechos. Gracias a los cuadernos, se ha comprobado que las mujeres producen cerca del doble que los hombres. Pero aún más: la “libreta” le indica a la agricultora la posibilidad o no de cerrar nuevos contratos, o analizar la estacionalidad de los cultivos, los cuales están cambiando en función de los cambios climáticos.

Es importante destacar que el cuaderno no solo mejora la autoestima femenina en el ámbito laboral, sino también en el personal. Es evidente la emancipación social de aquellas que se adhirieron al formato.

Compañeras emancipadas
Recuerdo de manera muy especial la historia de una compañera del estado de Amazonas, oriunda de la localidad de Careiro Castanho: Doña Nega. Tiene 49 años y una vida nueva, conquistada con la punta del lápiz, en el papel del cuaderno y en la azada. Se descubrió a sí misma como una mujer fuerte y que accedió al conocimiento a través de sus experiencias. El resultado fue la emancipación.

Doña Nega frecuenta los talleres de la Casa del Río, entidad filantrópica del estado de Amazonas, que impulsa la experiencia de la cartilla agroecológica. Doña Nega y su cuaderno son aliados. Diariamente, ella anota sus logros en su cuaderno y en su vida. Diariamente, ella planea, sueña, nutre su autoestima y su sabiduría. Porque la metodología del cuaderno estimula la valorización de los “saberes naturales” o “ancestrales” y, así, da (aún más) más aliento y confianza para que las mujeres hagan evolucionar la agricultura (y la vida) hacia una más cuidadosa, sin violencia hacia la Tierra, para ellas, para el medio, para el ser humano. Todo tiene que ver con ciclos, con unidad, con nutrición y salud, en sus sentidos más amplios (y femeninos).

Después del uso del cuaderno, esta agricultora amplió de manera impresionante no solo su poder de producción sino también el de comercialización.

Recuerdo también a doña Benedita, conocida como Bena en la comunidad de Igarapé Mirim. Es una mujer de muchísimo poder y éxito, una mujer de lucha. El de ella es un liderazgo comunitario, es referente e inspiración en su municipio. Después del uso del cuaderno, esta agricultora amplió de manera impresionante no solo su poder de producción sino también el de comercialización. Vende sus productos en su casa, de puerta en puerta, en ferias. Es incansable, admirable, trata de compartir sus saberes y de sumar a otras mujeres en la lucha por más autonomía y emancipación.

No podría hablar sobre mujeres inspiradoras sin mencionar y rendir homenaje a la agricultora Regiane Guimarães, líder rural asesinada en 1996. Sin duda, esa fue la mayor pérdida y el mayor dolor de nuestra lucha. Un hombre la ejecutó y luego fue ejecutado por policías. Violencia detrás de la violencia, entre tanto los jefes del crimen siguen impunes. Han pasado más de veinte años, todos saben quiénes son. Y todas sabemos que ellos quieren exactamente lo opuesto a lo que queremos nosotras. Queremos que nuestro valor y nuestro potencial sean reconocidos, que nuestros derechos sean reconocidos.

Para eso nos unimos. Durante la jornada queda muy claro que la unión es sinónimo de poder. Si hoy soy asistente social, activa, diplomada, es porque tuve el apoyo de muchas mujeres que creyeron (y creen) en mí, y de esa forma hicieron que yo también creyera en mi potencial. Entre mis logros personales, mi diploma es el más valioso. Y no es mío, sino de todas nosotras. De ahí la importancia de reunirse presencialmente e intercambiar experiencias. Sentadas en ronda compartimos dudas y conocimientos, nos damos unas a otras. Es, repito, un proceso afectivo y efectivo.

Nuestras rondas, nuestros encuentros, son espejos. Una manera de vernos, de existir, evolucionar.

La capacidad de movilización y organización femenina no tiene límites. Y -mira bien- es la organización, es la lucha, es la unión. Es el dolor y el logro. La agroecología también es una mujer, es femenina. Y en estos territorios, la tan popular agroecología ya no es novedad, sino la única realidad. Pues sí, una vez más. Esta vez con éxito. Ahora, imagínate cuánto mayor podría ser ese éxito si hubiera políticas públicas de apoyo al desarrollo, proyectos de capacitación e incremento. ¡Imagínate!

Es bueno soñar y actuar para transformar. Nuestros cuadernos cuentan con el apoyo de instancias como el PAA (Programa de Adquisición de Alimentos) y el PNAE (Programa Nacional de Alimentación Escolar). Nos ayudan a la comercialización de los productos con precios justos. Son solo dos apoyos. ¿Te imaginas si fueran 20, 200 o 2000? Brasil es grande.

Otras iniciativas también son esenciales en esta batalla, como ANA (Articulación Nacional de Agroecología), RMERA (Red de Mujeres Emprendedoras Rurales de la Amazonia). Sí, batalla. Porque no es fácil tener voz, mucho menos hacernos oír. Nosotras, las mujeres entendemos que el diálogo (tener voz, hacerse oír, oír y hacer) es el camino. Y es simplemente por eso que estoy aquí, con mis palabras y la lucha y el sueño de todas mis compañeras, y de todos los descendientes y antepasados de ellas.

Se vale soñar
Tengo claro que imaginar forma parte del plan y del sueño. Por lo tanto, una vez más, hago la invitación: imagina una realidad diferente, con esas palabras (y realidades) que he escrito (y repetido) aquí. Me refiero a la transformación, al derecho, a la dedicación. Únicamente inclúyelas en tu pensamiento. En este escenario, pon agua, tierra, salud, seguridad. Mujeres políticas y en la política (porque hay una clara diferencia). Imagínate a Regiane viva, a doña Bene aún más próspera, a doña Nega con una autonomía todavía más amplia. El presente sería más rico para todos. Y como parte del ejercicio piensa en el presente y en el futuro sin esa transformación que buscamos, sin los logros de nuestra lucha. Piensa en nosotras, mujeres rurales, piensa en tí. En tu mesa, en tu comida, en lo que te nutre, en lo que nos nutre. No es una escena fácil, ¿verdad? Lo sé.

No sé si por mi voz o por mi forma de escribir, tu lo percibiste... Soy negra, mujer, pobre. Recibo negativas con mucha frecuencia, diariamente enfrento prejuicios, supero adversidades. Soy la hija menor de doña Perpetua y el señor Teixeira, agricultores que tienen hoy 78 años. Al inicio de esta carta, comenté que vivimos de plantar y cosechar (frutos, conocimientos, saberes, experiencias, etc.). Comencé temprano, ayudando a mis padres y luego me llenaron de energía las mujeres del nordeste de Pará, especialmente Doña Francisca, o simplemente Francia, mi amada profesora y amiga de camino y de vida.

El trabajo en la agricultura exige siempre muchas horas de trabajo diarias, y en mi familia no fue diferente. Recuerdo muy bien cuando plantábamos mandioca para hacer harina, sandía, guayaba y pimienta. El trabajo comenzaba a las siete de la mañana y terminaba como a las cinco de la tarde, con un máximo de dos horas de descanso. Mis hermanos y yo siempre ayudamos a nuestros padres, cargábamos la mercancía hasta el vehículo que, por falta de acceso y buenas carreteras, no llegaba a nuestra casa. También hice varios otros trabajos en el campo.

Desde muy temprano comprendí la riqueza y el dolor del campo. Me di cuenta de que nuestro poder, de que nuestro valor no era reconocido, que la mujer rural era fuerte, pero no la veían.

Desde muy temprano comprendí la riqueza y el dolor del campo. Me di cuenta de que nuestro poder, de que nuestro valor no era reconocido, que la mujer rural era fuerte, pero no la veían. Yo soy una mujer rural y, si aparezco en los espejos que aquí he citado, si aparezco en el espejo de mi casa, si reflejo a mis compañeras y ellas se reflejan en mí, eso prueba que no soy invisible. Tú, por ejemplo, puedes verme. Me estás viendo por medio de este texto, por medio de mis palabras. Tú puedes vernos a mí y a todas las mujeres rurales. Tú nos puedes oír, nos estás oyendo.

Agradezco que me oigan. Y espero la respuesta. Quiero, queremos, necesitamos dialogar. Pero, por favor, no a través de Internet, porque el acceso a la comunicación es tan escaso por aquí como el acceso al agua, a la tierra, a los derechos femeninos…

Te invito entonces a esa transformación. Mi llamado es por un mundo ideal, mi lucha, nuestra lucha, también lo es. Un mundo con alimentos libres de agrotóxicos, desigualdades, violencia, injusticia. Tiene que ver conmigo, una mujer nacida y criada en el campo para el campo, con ellas, mis compañeras, con ustedes, contigo. Con todxs (así con x para no denotar género). Puede parecer que está lejos. No lo está. ¡Creer! Nosotros creemos.

Muchas gracias.

Rita Teixeira
48 años

  • Comparta este artículo
Rita Teixeira • Una historia de lucha efectiva y afectiva por los derechos de todas Rita Teixeira

Movimiento de las Mujeres del Nordeste Paraense (MMNEPA), Pará, Brasil